Mis anécdotas de enseñanza en el extranjero Parte II
Al abrir el libro España en el cambio de siglo, allí están los rastros de nuestros pasos en España, y mi vínculo indisoluble con el chino se encuentra entre líneas.
En el verano del año 2000, de repente recibí una llamada de la esposa del embajador de Uruguay en España de entonces. Me invitó a reunirnos en la residencia del embajador. Esa noche, conduje hasta una villa en el barrio Florida, al suroeste de Madrid, y en el salón de la residencia del embajador, me encontré con mi antigua alumna, Cristina, a quien había enseñado en 1992. Ella era amiga de la esposa del embajador. Me saludó en chino y luego me abrazó fuertemente. Me contó con alegría que había acompañado a su marido en una visita a China, viajando a Beijing, Shanghai, Xi'an, Hangzhou, Suzhou y otras ciudades. Ella elogió mucho los paisajes pintorescos, la abundancia de productos y los bajos precios de nuestro país. Me dijo que, desde que se había tomado una foto llevando mi qipao, había querido comprar uno que le quedara bien, y esto había sido su deseo durante muchos años. En China, vio tantos qipaos de colores vibrantes y florales que se deslumbró. Finalmente, compró uno muy bonito, que sería su vestido más usado para ocasiones especiales. También compró varias prendas informales de estilo chino, zapatos, sombreros, bufandas y calcetines, etc. para uso diario. Además, me contó que compró varias obras de caligrafía y pintura, ya que le interesaba mucho la caligrafía china. Después, hablamos mucho sobre los calígrafos y sus obras, entre las cuales su favorita era el Lanting Xu (Prefacio a los poemas compuestos en el Pabellón de las orquídeas) de Wang Xizhi, y decía que lo fascinante de la caligrafía china era que siempre resultaba agradable a la vista, sin importar cuánto se la mirara. Me dijo que había varias obras de artistas famosos en su casa, incluida obras del gran literato y calígrafo de la dinastía Song del Norte, Su Shi. Respecto a las obras de caligrafía y pintura, lo que hacía más era aprender a apreciarlas, y creía que el acto de admirarlas en sí mismo era una experiencia muy agradable. También me dijo que había empezado a aprender a escribir caracteres chinos con pincel. "Aunque todavía no conozco muchos caracteres, ¡cada día aprendo más! Recuerdo muy bien el significado de los radicales de los caracteres chinos me enseñaste. También me enseñaste a usar el diccionario, y el Diccionario Chino-Español por Categorías que me regalaste, lo sigo usando." Luego sacó un pequeño diccionario de su bolso, señalando su diccionario un poco desgastado y añadió: "¡Me ha sido muy útil durante todos estos años!"
Ella aún recordó que la había acompañado a la Feria de Productos organizada por El Consejo Chino para la Promoción del Comercio Internacional de Pekín (CCPIT Pekín) en Montevideo. Yo también recordé que hacía muchos años, acompañé como intérprete a la esposa del embajador chino en Uruguay Yang Xuqiang, la señora Ji Qingxuan, a ayudar a Cristina a comprar alfombras.
En el puesto donde se vendían alfombras chinas, una joven presentó con gran entusiasmo: "Las alfombras de Xinjiang son famosas por su larga historia y su excelente artesanía. En ellas se integran muchas técnicas como pintura, escultura, tejido, bordado, estampado. Están hechas de lana, tejidas a mano, tienen buena elasticidad, son térmicas, absorben la humedad, eliminan el ruido, son muy resistentes y no se dañan fácilmente. Entre las alfombras de Xinjiang, las de Hetian son las más conocidas". Me apresuré a traducirle sus palabras y añadí: "Ya hace 2500 años, la gente de Xinjiang ya tejía alfombras de lana, ¡incluso monturas de caballo de lana!" Finalmente, compramos una alfombra única de color rojo púrpura predominante, y ayudamos al vendedor a llevarla a su casa. Ella aún recordó esta cosa y me dijo que aquella alfombra todavía estaba tendida en su casa en Montevideo, y que después de tantos años, su diseño de estilo de Xinjiang seguía siendo muy bonito y único y su color seguía siendo muy vibrante.
Además, apreciamos las pinturas chinas que compró, entre las cuales había réplicas de las obras de Zhao Mengfu, famoso pintor y calígrafo de la dinastía Yuan, Belleza del otoño en las Montañas Queshan y Huabuzhushan y Alegría de la vida de los pescadores en el Pueblo Jiang. Ella nos contó que estas pinturas las compró en Beijing acompañada por un profesor de la Academia de Bellas Artes Central, y las había traído a España como regalo para los diplomáticos chinos. Para mí, es un gran placer hacer algo práctico para fortalecer la amistad entre el pueblo chino y el pueblo uruguayo.
Traducido por Lin Mengqiu 林梦秋


